Foto portada: Accion5
En las primeras horas del día martes 22 de septiembre, la familia del histórico desarrollador y contructor Tulio Crespi comunicó su fallecimiento en la ciudad de Balcarce a los 88 años. Un símbolo del automovilismo argentino, ganador y artífice de productos como el Tulia GT, la Tulieta, el chasis Tulia y el Petiso – Torino.
El mundo del deporte motor local despidió al «Padre de la Fórmula» con innumerables posteos en sus cuentas de redes sociales. Tulio Crespi trascendió las fronteras del país con desarrollos para competencias internacionales y elaboró un lugar icónico con su taller Crespi Competición, primero instalado en el barrio porteño de Chacarita y luego mudado a Balcarce por recomendación nada menos que de Juan Manuel Fangio.
Junto con la lamentable noticia de su deceso, la familia dio a conocer la última carta, escrita por el propio Tulio, para que sea revelada al momento de su partida.
LA ÚLTIMA CARTA DE TULIO CRESPI
Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.
Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!
Gracias, gracias, gracias.
Tulio Crespi





