Los rostros sonríen, la emoción se refleja en cada palabra, en aquellos recuerdos que afloran de una época añorada que ya no volverá, pero que está presente en cada uno que la transitó. La década del 60 y 70 tuvo en la categoría “Cafeteras” a un ícono de aquel automovilismo zonal, de peñas, talleres entre amigos y una pasión que motorizaba a todo ese grupo de entusiastas en cada circuito, los que eran colmados por la afición de esos tiempos.
De allí surgieron nombres que años más tardes sobresalieron en el automovilismo nacional, y otros que llegaron, pero no lograron continuar por razones económicas, aunque el sueño de haber estado lograron cumplirlo.

Lobería fue un pilar fundamental con los circuitos del Club Independiente y la “Virgen del Camino” de Jorge Newery, testigos de hazañas y grandes proezas. Muy lejos de la tecnología de estos tiempos, en talleres donde se armaban máquinas que encerraban pasión y muchas horas dedicadas para la competición, mezclando largas noches con las labores diarias de cada protagonista, todos poniendo empeño, su granito de esfuerzo y compromiso.
Y justamente en Lobería se recuperó un auto de ese emblemático automovilismo zonal, “El Potro”, que conducía Miguel Ángel Ceirano y llevaba la preparación en el motor de Juan “Jefe” Giménez, que hoy a sus 92 años rearmó aquel impulsor, que intacto descansaba en su taller entre tractores y cosechadoras.

De manera bien artesanal, con el ingenio de Horacio Cherencio y su grupo de trabajo en el «Centro Cultural Villa Ercilia», se logró reconstruir el “Potro”, con elementos originales y un motor que retumba con su sonido. Las manos del “Jefe” Giménez le dieron nuevamente vida, para que se lleve todas las miradas en la pasada Fiesta Nacional del Automovilismo en Balcarce.
La base de Dodge 36, el cigüeñal de un Internacional, bielas forjadas y distribuciones de Perkins son el secreto de un impulsor que supo de títulos y victorias, allá por el año 1974 (Campeonato Nocturno) y también el campeonato Centenario «Copa de Oro», el cual se desarrolló en el circuito «El Santo» de Mar del Plata, donde el loberense recibió la mitad del trofeo ya que terminaron totalmente empatados con José «Mingo» Solís
Para Miguel Ángel Ceirano, el piloto de ese auto que parecía indomable, es volver a los 70. El galpón de su abuelo Pablo lo vio nacer, armarse sobre un chasis Rugby y debutar en cafeteras en el año 1970. El grupo de amigos nunca faltó, y hoy muchos de ellos están ahí para disfrutar y compartir el momento, como cuando festejaban triunfos y campeonatos.
EL «POTRO» VOLVIÓ Y ASÍ LO VIVEN SUS PROTAGONISTAS





